A finales del siglo XX se produce un despertar de la conciencia en el sector privado por los graves problemas ambientales que aún enfrentamos, se hicieron muy conocidos los Sistemas de Gestión Ambiental en las empresas, como una contribución a estos graves problemas, concebidos como parte de la Responsabilidad Social de las empresas y hasta las normas ISO, con la familia de las Normas 14000 aportaron esquemas metodológicos sobre cómo realizar estos sistemas.

Sin embargo, en los últimos años la complejidad de los problemas ambientales ha evolucionado para convertirse en amenazas socio-naturales, como consecuencia de una interacción negativa entre el ser humano y su medio ambiente, unido a un rápido crecimiento de la población mundial, lo cual expone a poblaciones de regiones enteras a serios riesgos. Algunas de estas amenazas, como la sobreexplotación del recurso agua con el riesgo de su agotamiento, o las emisiones de gases efecto invernadero con los imprevisibles riesgos que origina el cambio climático, son algunos ejemplos fehacientes, que justifican la necesidad de que las empresas deben escalar en sus sistemas de gestión ambiental a sistemas para la gestión del desarrollo sostenible.

En la búsqueda de soluciones sostenibles a los riesgos mencionados anteriormente, entre otros, los Gobiernos las Naciones Unidas han aprobado en el año 2015, la agenda para el año 2030, que contiene 17 objetivos de desarrollo sostenible, también propone lograr el desarrollo sostenible en sus tres dimensiones —económica, social y ambiental—, y tiene 162 metas. Los objetivos de desarrollo sostenible son los siguientes:

Objetivo 1. Poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mundo.

Objetivo 2. Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible.

Objetivo 3. Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades.

Objetivo 4. Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos.

Objetivo 5. Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas.

Objetivo 6. Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos.

Objetivo 7. Garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos.

Objetivo 8. Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos.

Objetivo 9. Construir infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible y fomentar la innovación.

Objetivo 10. Reducir la desigualdad en y entre los países.

Objetivo 11. Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles.

Objetivo 12. Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles.

Objetivo 13. Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos.

Objetivo 14. Conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible.

Objetivo 15. Proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar los bosques de forma sostenible, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y poner freno a la pérdida de la diversidad biológica.

Objetivo 16. Promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar el acceso a la justicia para todos y crear instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todos los niveles.

Objetivo 17. Fortalecer los medios de ejecución y revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible.

Por otro lado, la Corporación Financiera Internacional (IFC por sus siglas en ingles), perteneciente al Banco Mundial, se encarga de promover el desarrollo económico de los países a través del sector privado. Los socios comerciales invierten capital por medio de empresas privadas en los países en desarrollo. Dentro de sus funciones se encuentra el otorgar préstamos a largo plazo, así como dar garantías y servicios de gestión de riesgos para sus clientes e inversionistas.

La IFC exige que sus clientes apliquen sus Normas de Desempeño para manejar los riesgos e impactos ambientales y sociales, a fin de mejorar las oportunidades de desarrollo. Estas Normas de Desempeño incluyen:

Norma de Desempeño 1: Evaluación y gestión de los riesgos e impactos ambientales y sociales.

Norma de Desempeño 2: Trabajo y condiciones laborales.

Norma de Desempeño 3: Eficiencia del uso de los recursos y prevención de la contaminación.

Norma de Desempeño 4: Salud y seguridad de la comunidad.

Norma de Desempeño 5: Adquisición de tierras y reasentamiento involuntario.

Norma de Desempeño 6: Conservación de la biodiversidad y gestión sostenible de los recursos naturales vivos.

Norma de Desempeño 7: Pueblos Indígenas.

Norma de Desempeño 8: Patrimonio cultural.

Estos antecedentes hacen evidente que los tradicionales Sistemas de Gestión Ambiental de las Empresas pensados en su desempeño hacia adentro y enfocados principalmente en la contaminación ambiental, deben cambiar y dirigir su desempeño hacia afuera: los ecosistemas, las comunidades, los paisajes, u otros ámbitos donde interactúan, por ello será ineludible escalar en su gestión para el desarrollo sostenible, abordando la adaptación al cambio climático, el ahorro de recursos y reducción de desechos, la mitigación del cambio climático (manejando adecuadamente su huella de carbono), la gestión de riesgos a desastres, lograr una participación comunitaria efectiva, basada en la divulgación de cómo la empresa gestiona sus impactos, así como la consulta con las comunidades locales en los temas que las afectan directamente y lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas